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15 Junio 2005
Arquitectura rusa. Experiencias desde lo occidental
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//En la escotilla del avión hay una persona con chaqueta caqui, parece un oficial del ejercito pero su vestuario no deja distinguir si es hombre o mujer. El aeropuerto está a oscuras, este era el último vuelo. La sala de control de pasaportes es una gran espacio circular muy alto con una luz muy ténue, reforzada por el color amarillento de las paredes; desde un balcón superior nos observan algunos curiosos. Las colas son largas y el estudio de la documentación especial para entrar en Rusia es muy concienzudo.
Durante la Rusia prerevolucionaria era clara la convicción del zar Pedro I de tener que construir una gran capital junto al mar, símbolo de la búsqueda de otras fronteras y también de la apertura hacia la Europa moderna. Hasta entonces Rusia había luchado por su supervivencia y control del territorio contra otros pueblos.
San Petesburgo también era la representación de la lucha de este hombre ilustrado contra la naturaleza, sólo la obsesión de Pedro I, consiguió construír una ciudad en el fangoso delta del rio Neva, el más caudaloso de Europa. Pronto se llamaron a arquitectos, artistas e ingenieros franceses, italianos y alemanes para levantar esta ciudad, a la postre llena de palacios, iglesias, catedrales y grandes vías de comunicación.
Apartir de aquella época la conciencia de pertenecer a un gran país en extensión y en poder hizo mella en la conciencia y pensamiento del pueblo ruso.
A pesar de la revolución los rusos nunca dejaron de ser ellos mismos.
La URSS usó otro sistema político y otros valores, pero no cambió la identidad esencial. El pueblo tenía la sensación de seguir pertenciendo a una gran patria, todo ello representado en la "grandeza" de los volúmenes y dimensiones despóticas y en la arquitectura heroica y monumental, todo ello para expresar la pertenencia a una sociedad única en un contínuo decorado de revolución del pueblo para el pueblo. Tanto la arquitectura como los espacios públicos de la Rusia soviética son concebidos y pensados con la intención de grandes manifestaciones públicas y anulación del pensamiento individual de la persona sin estar adscrito a la contínua revolución. Por el número de habitantes de sus ciudades, las manifestaciones públicas y la representación del poder tienen una gran escala, es decir todo es grande. Algunos de lo records de las cosas más grandes se encuentran en la actual Rusia: la campana más grande, el cañon más grande, algunos de los hoteles más grandes.
Durante mi estancia en Moscú me alojé en el Hotel Cosmos el cual se encuentra en frente del monumento de celebración de los viajes al espacio por los soviéticos. El hotel creo recordar fue construido durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Moscú, las dimensiones eran realmente increíbles, tenía 12 ascensores divididos en 4 baterías, los cuales te llevaban a dos niveles diferentes de habitaciones. Más de cuatro restaurantes distintos, en los que podían dar de comer a más de mil personas a la vez, un teatro, un pequeño casino, salas de fiesta. La recepción tenía más de veinte metros de barra y nunca ví a un recepcionista más de una vez. La sensación de grandeza era tal que cuando me dirijí a mí habitación que estaba en otro nivel y en el otro ala distinto al de mis padres, mi madre se despidió de mí con un beso y diciéndome que tuviera cuidado... mientras, yo no pude evitar soltar una pequeña risita.
El hotel se encontraba a unos cientos de metros de un gran parque urbano, en el que la vista no te dejaba ver el final. La puerta de entrada era un gran arco del triunfo, principio de una anchísima avenida, sobre el que colocaron una de los ejemplos paradigmáticos de la escultura estalinista, héroes anónimos revolucionarios, en su origen colocada sobre el pabellón soviético, durante la exposición universal de París de 1937, un edificio de aspecto agresivo y publicitario de la revolución soviética, situado justo en frente de la torre atalaya del pabellón de la Alemania nazi.
Para un "occidental" la visión de los grandes bloques de kilómetros de longitud, los barrios de cientos de miles de personas, las avenidas que atraviesan ciudades o los parques de hectáreas de arbolado producen una verdadera sensación de grandiosidad de un país, que fue antaño potencia mundial, pero que ahora es un viejo gigante con los aspavientos y los espamos de aquel que fue grande.
Y eso lo saben los rusos, los que viven con la conciencia de vivir en un nuevo orden pero al que no se acostumbran o no pueden pasar página y los que gracias a su esfuerzo o a las nuevas oportunidades que se abren ahora se occidentalizan a gran velocidad.
En mi enlace flickr se pueden encontrar algunas imágenes de contrastes rusos.
Escrito por Alvaro / 15 Junio 2005
Comentarios
sabias que en el diseño de San Petesburgo se tomo de referencia la ciudad de Amsterdam...no se hasta que punto se terminaron pareciendo porque no conozco la ciudad Rusa, pero sabía que Pedro era un gran admirador de la ciudad Holandesa.
saludos
Escrito por: kalf / 15 Junio 2005
A mi me ocurre al contrario, no conozco Amsterdam. La verdad es que no me extraña que se parezcan, aparte de porque se inspirara en ella, también por conveniencia constructiva, canales para drenar las tierras fangosas de las islas de la desembocadura del río.
A mi parecer el espacio entre edificios también es excesivo, puede que sea simplemente una razón estructural de separación de cargas para evitar el colapso del suelo.
Un ejemplo, la catedral de San Isaac, un pesadísimo edificio cuya cúpula dorada le hace ser el tercer edificio cupular más grande del mundo con 101,5 metros de altura, usó para su cimentación ¡24.000 pilotes de pino! y aún hoy se sigue hundiendo.
Escrito por: ALVARO / 15 Junio 2005
Hola
Un gusto conocerte...
Escrito por: Martha / 4 Agosto 2005




