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16 Diciembre 2008

McCartney, Córdoba y mis problemas con los periódicos.

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El Día de Córdoba da como noticia hoy lo que un amigo me envió por mail hace 7 días exactamente: la aparición de una película inédita en la que aparecen Paul McCartney y Mal Evans paseando y haciendo turismo por las calles de Córdoba en 1966.

Esto demuestra mucho: la gestión de información de los medios de comunicación organizados por unos pocos, frente a el poder de muchos, o diciéndolo de otra forma, la información gestionada desde medios donde la información se encuentra compartimentada, frente a la especialización interesada de otros que transmiten, editan, corroboran, corrigen opinan... esa e incluso más información.

Los medios de comunicación están sufriendo en estos instantes una continua revolución, TODOS nos podemos convertir en "periodista 2.0" mediante el uso de ciertas "herramientas" en Internet. Auto-imponernos el papel de gestor de información, en el más amplio sentido de la palabra. No estoy explicando la muerte de una profesión pero si los cambios que se avecinan para un futuro, o incluso un presente, muy próximo. Tampoco explico un proceso de gestión perfecto en si mismo, pero sí al menos autorregulado por una gran cantidad de usuarios, que siendo anónimos o no, no son movidos por un interés general, pero si particular que puede provocar una o varias direcciones de información y opinión.

En este marco, resitúo una anécdota personal, el sábado pasado yo mismo "sufrí" una noticia, abordando el objeto de trabajo de una de mis facetas profesionales: errores, incongruencias, falsedades que conducen a error... tergiversando todo el buen trabajo desarrollado por mis compañeros de equipo. Todo un despropósito en sí mismo que me recordó que difícilmente la información aportada por un medio de comunicación habitual como es un periódico, será gestionada, editada, corroborada o incluso desaprobada por los lectores (¿o debería decir usuarios?), ya que el carácter de estos medios es por lo común dar información encerrada, un producto de consumo en sí mismo, preparada y lista para ser sencillamente digerida y "expulsada". Una sensación que asusta cuando al día siguiente recuerdas que es el mismo periódico que lees para informarte durante el desayuno, como me apuntaba muy claramente una compañera de trabajo.

Por otra parte y extendiéndome en el tema, puedo reconocer que hasta casi hacia el absurdo, me replanteo las diferencias de carácter entre dos tipos de profesionales distintos. Los "técnicos", por ejemplo, debemos y tenemos que asumir nuestros errores, por ejemplo, en un recorte del presupuesto en una partida de construcción por culpa del exceso en otra, o, a la mayor, delante de un juez... Sin embargo, en profesiones en las que se maneja o gestiona información, no sé si por lo inmaterial de la mercancía, se puede dar pie a la libre interpretación hasta llegar a difusos límites, como el de la tergiversación... ? ¿Los errores que se comenten, por acto, omisión, con o sin malicia, no se comprenden como desencadenantes de problemas? ¿Se conoce con absoluta realidad el daño que se produce ante una información mal dada?... ¿Hay pie a la rectificación? ¿Es ésta igual de efectiva que la noticia original?

(En una acto de asertividad y empatía, reconozco y admiro el derecho al error propio, pero no el de falta de auto-corrección.)

Escrito por Alvaro / 16 Diciembre 2008 | |

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